Trabajando en el Programa Conectar Igualdad

El Programa Conectar Igualdad fue creado con el objetivo de entregar una netbook a todos los estudiantes y docentes de las escuelas públicas secundarias, de educación especial, y de los institutos de formación docente de la República Argentina.

La creación de este programa, hizo imprescindible la presencia de una (o dos) persona que brinde asistencia técnica a las escuelas. Dicha persona, cuyo cargo se llamó Referente Técnico Escolar o Referente Tecnológico Escolar (resumiendo se los llama RTE) es la responsable de solicitar y gestionar los reclamos correspondientes a las fallas de los equipos, de ingresar y realizar un seguimiento de las denuncias por robo, hurto o extravío, generar el ticket de reparación en ANSES, coordinar el envío de los equipos y/o su recambio, elaborar informes de incidentes y actuar como enlace técnico con el equipo del Programa. También el RTE debería proponer, organizar e implementar acciones de capacitación y sensibilización al interior del establecimiento o con otros establecimientos y/o la comunidad escolar, en articulación con los equipos territoriales y jurisdiccionales del Programa Conectar Igualdad y/o en articulación con otras actividades desarrolladas en la jurisdicción.

Como soy Profesora de Tecnología tengo el perfil que se suele solicitar para cumplir las funciones de RTE. En el año 2012 comencé a trabajar en una escuela con este cargo con aproximadamente 450 netbooks en aquel momento, pero todos los años llegan netbooks nuevas para los alumnos de primer año y docentes que aún no poseen su netbook, lo que hace que de las 450 nets originales, ya estemos cerca de las 700. A partir de 2013, se hicieron dos escuelas en las que trabajo en el Programa Conectar Igualdad, lo cual implica unas 500 máquinas más.

Por suerte, mi trabajo me gusta mucho, aunque los inconvenientes que se presentan son muchísimos y ciertamente se hace imposible solucionar todos los problemas y dejar conformes a alumnos, familias, docentes, directivos y Equipos Técnicos jurisdiccionales (ETJ).

La cuestión es que los alumnos y docentes rompen tal cantidad de netbooks, tienen tantos inconvenientes que resulta imposible dedicarse a la parte de capacitación pues quedamos perdidos en una grandísima cantidad problemas técnicos.

A modo de ejemplo van algunas situaciones que suceden a diario en las escuelas:

  • Alumno: profe, la máquina me anda lenta

RTE: prendela y nos fijamos…

¡Cuando nos fijamos! Tiene instalado (aparte del soft que viene con la netbook), la barra bing, barra ask, delta toolbar, SpeedUp MyPc, RegCleanPro, Ares, antivirus Avast o Avira, juegos como el MainCraft, Counter Strike, Halo, GranTheft  y otros;  variedad de Skins para personalizar la netbook. También suelen tener mucho espacio ocupado por videos, música y películas bajadas de Internet o muchos videos y fotos tomados con sus cámaras. La opción más simple es restaurar el Widows, pero te piden “poooooooooor favoooooooor profe, no me borre todo”. Y así es como uno pierde horas desinstalando programas para no borrarles todo.

  • Alumno: Se me rompió el teclado

RTE: ¿a ver qué pasó?

En el 80% de los casos, están arrancadas las teclas que usan para los juegos, entonces viene la solución: Mandarla a servicio técnico para que le cambien el teclado.

RTE: Bueno, déjamela que le vamos a pedir un servicio técnico para que te la arreglen.

Alumno: Noooooooooooo. Le pido por favor profe, eso tarda mucho, me voy a quedar sin netbook por meses.

RTE: y si, lamentablemente es así, pero si la hubieras cuidado esto no habría pasado.

Alumno: (en voz baja mientras se va) Bruja de m….

Unas semanas más tarde aparece el padre/madre o tutor enojadísimo porque no le arreglan la net al nene y solemos tener que vivir situaciones de mucha violencia hacia nuestra persona, cuando somos simples intermediarios entre el chico que la rompió y el servicio técnico que la tiene que arreglar.

  • Alumno: Se me rompió la pantalla

RTE: (al ver la pantalla) ¿Pero cómo te pasó esto? Tiene que haber sido un golpe muy grande para estar así.

Alumno: (y no es chiste esto que voy a escribir, pasa todo el tiempo) No se, yo la dejé en casa y cuando la abrí estaba así, debe haber sido mi hermanito.

Otra opción

Alumno: No se, yo la dejé en el aula y cuando la abrí estaba así.

RTE: Bueno, déjamela que le vamos a pedir un servicio técnico.

Alumno: Pero eso tarda mucho.

RTE: y bueno, la tendrías que haberla cuidado, por suerte te la van a arreglar por garantía aunque tarden un tiempito

Alumno: (en voz baja mientras se va) Bruja de m….

Unas semanas más tarde aparece el padre/madre o tutor enojadísimo porque no le arreglan la net al nene/a. Y otra vez una discusión desagradable

  • Docente: Te devuelvo la máquina porque no trabajo más en esta escuela.

RTE:¿A qué escuela te vas? Podemos hacer el pase y mantenés tu netbook con toda la información

Docente: No, dejá, en la otra escuela me van a dar una nueva, de las de este año. Tienen mas memoria y mas disco.

RTE: Pero corresponde hacer el pase.

Docente: A mi ya me dijeron en la otra escuela que me dan una nueva y se evitan el trámite del pase. Además esta anda re mal. ¿Me podés dar una constancia que la devolví?

RTE: Si me esperás un ratito que la mire en que estado está.

Al encenderla, peor que un alumno, barras instaladas, Ares, REgCleanPro, Avast o Avira, máquina muy lenta, alguna tecla rota, cargador que “lo mordió el perro” (tampoco es chiste, sucede de verdad. y muchas veces)

Docente: Ah, y me olvidé de decirte que una vez se me mojó… y al cargado me lo mordió el perro, pero te la dejo igual así.

RTE: No estamos haciendo las cosas bien

Docente: (en voz baja mientras se va) ¿quién se cree que es esta?

 

Volviendo al Programa Conectar Igualdad y sus metas me surgen preguntas. Se supone que vamos a lograr:

  • capacitar a los docentes en el uso de esta herramienta, y elaborar propuestas educativas que favorezcan su incorporación en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

¿En qué momento? ¿Cómo los incentivamos para que lo hagan? El 80% de los docentes se niega a usar las TIC como asistentes de la tarea docente

  • Promover la igualdad de oportunidades entre todos los jóvenes del país, al brindarles un instrumento que permita achicar la brecha digital.

Estoy totalmente de acuerdo que necesitamos achicar la brecha digital, pero no todos los alumnos acceden a las netbooks con los mismos conocimientos y por lo  tanto hay que trabajar y muy duro en tratar de lograr la igualdad de acceso, sino, por más que cada uno tenga su netbook, no estaremos achicando esa brecha.

  • Garantizar el acceso de todos a los mejores recursos tecnológicos y a la información.

Comentario similar al anterior, para garantizar dicho acceso, hay que garantizar que lo hagan con los conocimientos y el acompañamiento docente necesario. Que todos tengan acceso, no significa que ese acceso sea igualitario.

  • Promover el fortalecimiento de la formación de los docentes para el aprovechamiento de las TIC en el aula.

¿De qué manera? Muchos docentes se niegan al uso de las tics, otros están cansados y les resulta muy difícil asistir a capacitaciones, si los capacitamos en horarios de clase, ¿quién se hace cargo de los alumnos?

Resumiendo, y como siempre que puedo lo digo, creo que Conectar Igualdad es un programa que ha cambiado la vida en las escuelas, que nos brinda enormes posibilidades, cuyos objetivos son claros y justos. Pero el mayor inconveniente es ¿Cómo salimos de los problemas técnicos para dedicarnos a lo pedagógico? Es una pregunta que todavía no he podido responder, ojalá el tiempo me o nos permita hallar la respuesta.

¿Cómo escribir un comentario en un blog o red social?

1. Leer el texto las veces que sea necesario para comprenderlo. Si es necesario, anotar ideas o conceptos que nos parezcan importantes.

2. Pensar  y ordenar nuestras ideas antes de comenzar a escribir.

3. Es importante exponer nuestro punto de vista y no quedarnos solamente en un “me gusta” o “no me gusta”.

4. Siempre cuidar la ortografía, es importante para que te entiendan los lectores.

5. Leer una o más veces lo que escribiste antes de enviar el comentario

El “respeto” en la escuela

Este texto lo  escribí hace ya unos años, para un profe de esos que dejan marcas en sus alumnos, marcas positivas. Revisando archivos viejos guardados, lo encontré, le hice algunas pequeñas modificaciones para actualizarlo y  lo comparto.

 

Allá por el año 1.977 yo tenía 4 años, mi mamá y mi papá querían que comience a asistir al jardín de infantes. Pero en aquella época, no existían muchos jardines maternales como tenemos hoy en día, la única escuela que en ese momento tenía salita de 4 años era la Escuela Normal. Mi hermana mayor ya iba a esa escuela, y mi mamá era docente ahí también, por lo que la elección no fue difícil. La nena menor de la casa iba a ir a la Escuela Normal…

¡Que momento! Empezar jardín…todavía recuerdo la sensación de “maripositas en el estomago” el primer día que mi papá me acompañó hasta la puerta de la escuela. También recuerdo todo lo que lloré porque no quería entrar, y la firmeza de mi papá que no me aflojó ni un poquitito al pedido de que me lleve a casa con él…algo que creí en ese momento que no se lo iba a perdonar nunca…Pobre mi viejo, si seguramente a él le dolía más que a mi dejarme ahí llorando…

No se por qué en aquella época no se hacía adaptación como ahora, los chicos entrábamos desde el primer día solos a la escuela y nos quedábamos ahí las 3 horas correspondientes.

Ese primer día, el jardín era un desorden, hablábamos todos a la vez, no escuchábamos a la maestra, no nos escuchábamos entre nosotros, algunos se aislaban y no hablaban con nadie…supongo que esos eran los más tímidos…yo siempre fui de las mas charlatanas…cosa que aún a los 41 años no he podido corregir.

Cuando tocó la campana (en aquella época, la Escuela Normal tenía una campana en el patio, que el portero hacía sonar a la hora de comenzar y terminar el recreo y a la hora de entrada y salida de la escuela; en la actualidad, esa campana fue reemplazada por un timbre) que nos indicaba que empezaba el horario de clase, la maestra trató de saludar a la clase, pero nadie le hacía caso, era como si ni siquiera hubiera entrado al aula. Fue entonces que oí por primera vez el grito de una maestra, tratando de poner orden, de explicarnos que cuando toca el timbre, hay que formarse para saludar a la bandera, para saludar a los maestros, que para eso hay que estar quietitos y en silencio. También aquel día nos explicaron que teníamos que sentarnos cada uno en su pupitre y que cuando la maestra hablaba, había que hacer silencio y escuchar las consignas, que no podíamos pararnos durante el tiempo de clase, que a la maestra se la trataba de “usted” y no de “che”…todas las pautas de “buen comportamiento y respeto” que hemos aprendido los que fuimos a la escuela.

Durante esos primeros días, no fue fácil aprender esas pautas…para mi la más difícil era  la de hacer silencio…en varias oportunidades fui a parar al rincón por charlatana, otras me retaron por lo mismo, aunque algunas veces (las menos) estaba hablando de lo que teníamos que hacer en clase. Ya me había hecho la fama, desde esos 4 añitos, de hablar mucho, y esa fama duró toda mi vida estudiantil.

Pero a las semanas de ir diariamente al jardín, ya habíamos aprendido perfectamente lo que había que hacer: a la mañana temprano, sonaba la campana y nos formábamos ordenadamente y en silencio…hasta ya sabíamos de memoria la “oración a la bandera” que repetíamos como loritos todos los santos días sin entender que significaba, incluso pronunciando algunas palabras mal porque ignorábamos que querían decir.

Y así pasamos jardín de 4 y de 5 años mis compañeritos y yo, haciendo un poco de aprestamiento y bastante de “adiestramiento” sobre como había que portarse en la escuela…

Año 1.979: ¡Primer Grado! Ya todos con delantalcitos blancos, nos sentíamos mucho más grandes…Primer día de clase. Tocó la campana y sin preguntar nada estábamos todos formaditos y calladitos. La oración a la bandera era otra, distinta, más larga, más difícil…pero en unas semanas la aprendimos (también con errores de pronunciación porque nunca nadie nos explico lo que significaba esa oración que todos los días, sin falta, había que repetir). Entramos al aula y todos nos paramos calladitos al lado de los bancos esperando que entre la señorita a saludarnos. Ese también era un ritual diario: había que saludar a la maestra de pie, diciendo “buenos días señorita… (decíamos el nombre)”. Recuerdo que hasta una musiquita, una especie de cantito tenía ese “buenos días señorita…” que nos parábamos para decir cada vez que entraba una maestra al aula.

Y así pasamos toda la escuela primaria, siguiendo estas normas de respeto: saludar a la bandera con la infaltable oración, saludar de pie a la maestra que entraba al aula, hacer silencio en los actos, cantar siempre las canciones patrias (Mover la boca haciendo como que cantábamos y ser descubiertos, era prácticamente un pecado capital…Ni hablar si alguna de las maestras se daba cuenta que cantábamos “Febo asoma… los zapatos de mi abuela son de goma”. Eso implicaba un viaje directo a la regencia y hasta ¡una Firma! que para nosotros era una tragedia. ¡¿Con que cara íbamos a decirles a nuestros padres que nos habían hecho firmar?!…era algo impensable), dirigirse a las maestras de “usted”, no llegar tarde a clase, pedir permiso para salir del aula…y tantas normas más de respeto que ya ni recuerdo…

Año 1.986, llegamos al Secundario. Las chicas seguíamos de delantal blanco, pero los varones ya iban sin delantal. ¡Que grandes nos sentíamos! Casi adultos. Las “normas” que habíamos aprendido durante los 9 años de escolaridad anteriores, las  seguíamos respetando: nos formábamos para saludar la bandera, llegar a la escuela mientras estaban izando la bandera o cuando ya habían terminado de izarla implicaba un reto seguro…Ahora teníamos profesores, no maestros, así que después de cada recreo, al entrar al aula, nos parábamos al lado de los bancos esperando que entre el profesor para saludarlo. Ni hablar de que se nos escape una “mala palabra” en presencia de un profesor o un preceptor, hasta en los recreos nos cuidábamos de que no nos escuchen si decíamos algo “fuera de lugar”. En los actos, los preceptores estaban entre los alumnos vigilando que hiciéramos silencio, cantemos el himno con respeto, escuchemos lo que decían las personas a las que les tocaba participar del acto…

Y así terminé, allá por 1.990 la escuela secundaria. Con esas normas de “respeto y buen comportamiento” grabadas para siempre…

Los caminos de la vida me hicieron docente, pero docente de otra época, docente del siglo XXI, docente con estudiantes distintos, con adolescentes que pertenecen a otra generación, que tienen otros intereses diferentes a los que yo tenía a su edad, con otra forma de ver la vida, otra forma de interpretar lo que es el “respeto”…Alumnos que llegan tarde a clase, alumnos que no saludan a la bandera, alumnos que no cantan el himno en los actos, alumnos que no se paran a saludar al docente cuando entra al aula, alumnos que no tienen ningún reparo en decir “malas palabras” frente a los docentes o auxiliares docentes, alumnos que no hacen silencio cuando se les habla, alumnos a los que una sanción les parece una gracia, alumnos que fuman en los baños y patios de las escuelas (y suelen no ser siempre los mismos cigarrillos que fumábamos en mi época de adolescente), alumnos que no copian en sus carpetas, alumnos que van a la escuela sin carpeta, sin útiles,  sin mochila, …

Y ahora, a mis 41 años, me pregunto ¿qué es el respeto en la escuela? ¿El respeto es lo que a mi me enseñaron?…No sé cuál es la respuesta, pero evidentemente para esta nueva generación, el respeto no es lo mismo que me enseñaron a mí y quizás, la opción, antes de tratar de convencerlos (por los medios que sea) sea tratar de comprenderlos y dialogar a ellos. Ojalá logremos un acuerdo mutuo, un entendimiento, un acercamiento, por el bien de la institución escolar y por el futuro de esta nueva y sorprendente generación con la que trabajamos a diario.

 

 

/SilviaAN8

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